miércoles, 15 de mayo de 2013

CAPÍTULO I ¿Por qué los gatos no escriben?

Es difícil encontrar el principio de una historia. Tan difícil como encontrar la punta del hilo de un ovillo después que un gato ha jugado con él y lo ha hecho una maraña. Si tuviera que pensar cuándo comenzó todo, tendría que reconocer que fue al ver a mi gato Arki tomando sol sobre unas hojas tachadas y corregidas al lado de mi notebook. Yo había abierto un archivo de Word y lo había nombrado ABRIL 2004. 
Pero no se me caía una sola idea. Mi cabeza estaba tan vacía como el mate que todavía no había preparado. Lo cargué con yerba (al mate, a mi cabeza no), le eché agua y esperé que se asentara. Creo que fue en ese momento, en ese segundo fatal en que aparece la espuma y metés la bombilla. Me distraje en el sol de abril entrando por la ventana, en los bigotes de Arki, en sus ojos cerrados y me pregunté algo que nunca tendría que haber preguntado. “¿Por qué será que a los gatos no les interesa escribir?” Seguramente pensarás que es una pregunta tan tonta como la de interrogarse por qué nosotros no tenemos hocico, ni rabo, ni orejas que se muevan para escuchar mejor, como el lobo de Caperucita. Pero esa pregunta, antes de que la bombilla se sumergiera inexorablemente en la yerba atravesando la espuma, fue el origen de todo. “¿Por qué escribo?” Inmediatamente me acordé que mi primera escritura había sido la de un diario. Un diario que escribí en un cuaderno Gloria de tapas anaranjadas. Yo tenía diecisiete años y una mochila cargada de ilusiones, miedos y preguntas. Con unos amigos viajamos en tren hasta Tucumán. El tren se llamaba “Estrella del Norte” y parecía salido de una película del Far West
En Tucumán hicimos dedo y, subiendo y bajando de distintos autos, camiones y camionetas, después de muchos días sin bañarnos, llegamos a Humahuaca. En la escuela nos dieron casa y comida (y una ducha urgente porque teníamos un olor terrible). Una noche, después de la cena, el maestro que nos había alojado, nos invitó a ver el cielo. “Abríguense bien que vamos a subir al cerro”. Nunca imaginé que hubiera tantas estrellas, tantas historias, tantos universos. “La Conquista destruyó siglos y siglos de conocimiento, tal vez si eso no hubiera pasado hoy estaríamos en contacto con otras civilizaciones”
El agua caliente me quemó la boca y el recuerdo se esfumó como el humo de un sahumerio escurriéndose en el aire. “¿Tendrán recuerdos los gatos?”, pensé. ¡Claro, por ahí debe ir la pista! ¡Gracias Arki! ¡Recuerdos! En aquel cuaderno sucio y ajado yo escribí lo que me estaba pasando en ese momento, como una manera de atrapar ese instante para que no se esfumara en el tiempo. Como los Mayas tuvieron necesidad de escribir lo que habían leído en el cielo. ¡Claro, Arki no tenía mi problema! Él era feliz viviendo ese instante y así era inmortal, en cambio yo no, yo necesitaba atrapar este instante en mi página en blanco de Word, entonces me di cuenta de otra cosa. (Y ya son demasiadas revelaciones para esta hora de la mañana). Ahora también estaba escribiendo un diario. El diario de cómo fue que empecé a escribir esta historia. La historia de un adolescente que viajó con sus amigos hacia el norte y, en la Quebrada de Humahuaca, se encontró con otra historia. 
Una historia muy antigua que se perdía en los senderos de la Quebrada. La historia de un pueblo que había perdido su libertad y que, a lo largo de los siglos, lucho por recuperarla. Y una cosa trae la otra. Y del mate, Arki, la luz de abril entrando por la ventana, el cuaderno Gloria y la Quebrada de Humahuaca, surgió esta otra historia. La de un adolescente que hace más de doscientos años conoció a un pirata que le cambió la vida. Como a mí me pasó con Tito Quaglia y Toto Quinteros. Me cambiaron la vida. Por eso les dediqué el libro. Pero ese es tema para otro diario. Podría decirte entonces que aquí comienza la historia de una historia. ¿Raro, no? Un backstage, dirían en Hollywood, de cómo empezó la escritura del diario de Rodrigo, a quien creé con muchos retazos de mi propia vida y otras tantas ficciones. Y todo gracias a Arki, a quien no le interesaba escribir.
CONTINUARÁ…

1 comentario:

  1. Hermoso texto, Edu. Me alegro por el "Continuará". Mis respetos a Arki ;)

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