Es difícil encontrar el principio
de una historia. Tan difícil como encontrar la punta del hilo de un ovillo
después que un gato ha jugado con él y lo ha hecho una maraña. Si tuviera que
pensar cuándo comenzó todo, tendría que reconocer que fue al ver a mi gato Arki
tomando sol sobre unas hojas tachadas y corregidas al lado de mi notebook. Yo había abierto un archivo de Word y lo
había nombrado ABRIL 2004.
Pero no se me caía una sola idea. Mi cabeza estaba
tan vacía como el mate que todavía no había preparado. Lo cargué con yerba (al
mate, a mi cabeza no), le eché agua y esperé que se asentara. Creo que fue en
ese momento, en ese segundo fatal en que aparece la espuma y metés la bombilla.
Me distraje en el sol de abril entrando por la ventana, en los bigotes de Arki,
en sus ojos cerrados y me pregunté algo que nunca tendría que haber preguntado.
“¿Por qué será que a los gatos no les interesa escribir?” Seguramente pensarás
que es una pregunta tan tonta como la de interrogarse por qué nosotros no
tenemos hocico, ni rabo, ni orejas que se muevan para escuchar mejor, como el
lobo de Caperucita. Pero esa pregunta, antes de que la bombilla se sumergiera inexorablemente
en la yerba atravesando la espuma, fue el origen de todo. “¿Por qué escribo?”
Inmediatamente me acordé que mi primera escritura había sido la de un diario.
Un diario que escribí en un cuaderno Gloria
de tapas anaranjadas. Yo tenía diecisiete años y una mochila cargada de
ilusiones, miedos y preguntas. Con unos amigos viajamos en tren hasta Tucumán. El
tren se llamaba “Estrella del Norte” y parecía salido de una película del Far West.

En Tucumán hicimos dedo y,
subiendo y bajando de distintos autos, camiones y camionetas, después de muchos
días sin bañarnos, llegamos a Humahuaca. En la escuela nos dieron casa y comida
(y una ducha urgente porque teníamos un olor terrible). Una noche, después de
la cena, el maestro que nos había alojado, nos invitó a ver el cielo.
“Abríguense bien que vamos a subir al cerro”. Nunca imaginé que hubiera tantas
estrellas, tantas historias, tantos universos. “La Conquista destruyó siglos y
siglos de conocimiento, tal vez si eso no hubiera pasado hoy estaríamos en
contacto con otras civilizaciones”
El agua caliente me quemó la boca
y el recuerdo se esfumó como el humo de un sahumerio escurriéndose en el aire. “¿Tendrán
recuerdos los gatos?”, pensé. ¡Claro, por ahí debe ir la pista! ¡Gracias Arki!
¡Recuerdos! En aquel cuaderno sucio y ajado yo escribí lo que me estaba pasando
en ese momento, como una manera de atrapar ese instante para que no se esfumara
en el tiempo. Como los Mayas tuvieron necesidad de escribir lo que habían leído
en el cielo. ¡Claro, Arki no tenía mi problema! Él era feliz viviendo ese
instante y así era inmortal, en cambio yo no, yo necesitaba atrapar este
instante en mi página en blanco de Word,
entonces me di cuenta de otra cosa. (Y ya son demasiadas revelaciones para esta
hora de la mañana). Ahora también estaba escribiendo un diario. El diario de
cómo fue que empecé a escribir esta historia. La historia de un adolescente que
viajó con sus amigos hacia el norte y, en la Quebrada de Humahuaca, se encontró
con otra historia.

Una historia muy antigua que se perdía en los senderos de la
Quebrada. La historia de un pueblo que había perdido su libertad y que, a lo
largo de los siglos, lucho por recuperarla. Y una cosa trae la otra. Y del
mate, Arki, la luz de abril entrando por la ventana, el cuaderno Gloria y la Quebrada de Humahuaca,
surgió esta otra historia. La de un adolescente que hace más de doscientos años
conoció a un pirata que le cambió la vida. Como a mí me pasó con Tito Quaglia y
Toto Quinteros. Me cambiaron la vida. Por eso les dediqué el libro. Pero ese es
tema para otro diario. Podría decirte entonces que aquí comienza la historia de
una historia. ¿Raro, no? Un backstage,
dirían en Hollywood, de cómo empezó
la escritura del diario de Rodrigo, a quien creé con muchos retazos de mi
propia vida y otras tantas ficciones. Y todo gracias a Arki, a quien no le
interesaba escribir.
CONTINUARÁ…
Hermoso texto, Edu. Me alegro por el "Continuará". Mis respetos a Arki ;)
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